Cantares Baturros
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Colección popular de coplas que se cantaban en Aragón.
Recopilación  de jotas del año 1927

I
Es cierto que ti quisido
y siempre te estoy quisisiendo,
y el amor que te hi tuvido
el mesmo te estoy tuviendo.

II
Santo bendito y glorioso
de joven juiste un peral.
Del pesebre de mi burra
eres hermano carnal.

III
¿De que le sirve a tu madre
cerrar la puerta el corral
si t´has de venir conmigo
por la puerta prencipal?

IV
Esta noche hi de rondar
haga claro u haga nublo,
y he de romper la guitarra
en las costillas de alguno.

V
Cuando paso por tu calle
y en la ventana no estás,
voy alcorzando los pasos
por ver si te asomarás.

VI
Asómate a esa vergüenza
cara de poca ventana
y dame un jarro de sed
que m´estoy muriendo de agua.

VII
Te quiero como si fueras
cuerda de mis alpargatas
mira si te quiero bien,
que te quiero por las patas.

VIII
Dicen que tú no me quieres
porque no tengo dinero;
ven a mi casa y verás
un cuarto... por un augero.

IX
Desde aquí te estoy mirando
y tú mirándome estás;
ojitos de pillo tienes,
pero no me pillarás.

X
En un lugar, no sé dónde,
hay un yo no sé que santo,
que rezando no sé qué
se gana no sé cuánto.

XI
Quitate d´esa ventana
estampa de la herejía;
el que madrugó por vete,
¡que poco sueño tendría!

XII
Para cantar quiere gracia,
para bailar quiere brío,
para tocar la guitarra
quiere tener buen oído.

XIII
No creas que por tí son
los colores que me salen;
ni por ti ni por ninguno,
que son míos naturales.

XIV
Me han contado que ayer tarde,
al ir por agua a la fuente,
con el fuego de tus ojos
la secaste de repente.

XV
Los Amantes de Teruel
murieron de sentimiento,
yo también me moriré
si no logro lo que intento.

XVI
¡Que suerte tiene la moza
que tiene el novio soldado,
porque puede rehusar
lo que el Rey no ha rehusado!

XVII
Con licencia o sin licencia
va la ronda por la calle,
que la ronda de los mozos
no pide permiso a nadie.

XVIII
Esta noche rondan pollos
porque los gallos no están;
en cuanto vuelvan los gallos,
los pollos se acostarán.

XIX
A la puerta de mi dama
mi compañero cantó;
a la puerta de la suya
razón es que cante yo.

XX
Ya sé que ha dicho tu madre
que yo para ti soy poco;
iremos a la alameda
y cortaremos un chopo.

XXI
Asómate a la ventana,
picadita de viruelas,
que te están tan bien los hoyos
como al cielo las estrellas.

XXII
Si se cayera el pilar
donde está la Pilarica,
otro igual de corazones
en Aragón se alzaría.

XXIII
Los cantares de mi tierra
dicen verdades muy gordas,
y se cantan en voz alta
para que todos lo oigan.

XXIV
Cuando por tu puerta paso
saco pan y voy comiendo,
pa que no diga tu madre
que de verte me mantengo.

XXV
Si tuvieras olivares
como tienes fantasía,
el molino del aceite
por tu cuenta correría.

XXVI
Si me diste calabazas,
me las comí con pan tierno,
que más quiero calabazas
que una mujer sin gobierno.

XXVII
Comunícame tus penas
y te diré mi dolor,
que penas comunicadas
penas con alivio son.

XXVIII
Aunque te llamen morena,
niña, no te dé cuidado,
que la Virgen del Pilar
es morena y la adoramos.

XXIX
Morena tiene que ser
la tierra pa la cebada;
y la mujer para el hombre,
blanca rubia y colorada.

XXX
Moreno pintan a Dios,
morena a la Magdalena,
moreno es el bien que adoro.
¡Viva la gente morena!

XXXI
Una estrella se ha perdido
y en el cielo no parece;
en tu cuarto se ha metido
y en tu cara resplandece.

XXXII
Ninguno por cantar bien
hable mal de aquél que canta;
unos cantan lo que saben
y otros saben lo que cantan.

XXXIII
A mi amigo lo llevé
a casa de la que amaba;
y tanto aprendió el camino
que luego a mí me llevaba.

XXXIV
Aragonesico soy
y aragonesa la quiero;
la planta quiere su clima
y el ave vuela en su cielo.

XXXV
Eres como aquel torico
que está en medio de la fuente,
que a todos les planta cara
y a ninguno le acomete.

XXXVI
El sol le dijo a la luna
que se fuera a recoger,
que a deshora de la noche
no andan mujeres de bien.

XXXVII
Los mozos quién caiga toros,
y a quién que les ayudemos;
pues si los mozos quién toros,
yo también soy uno d´ellos.

XXXVIII
De saber que me querías
mi madre estaba tan güeca,
que d´alegría mató
los pollos y la culeca.

XXXIX
Yo soy quien t´amo y t´adoro
y el que en la esquina te canto,
y no has de hallar a denguno
como yo que t´ame tanto.

XL
Un día pasé pol horno
y me diste un bollo tierno;
siempre que pol horno paso
del bollo y de tú m´acuerdo.

XLI
Más estimo unas miradas
de tus luceros divinos
que todo el oro y diamantes
de los moros argelinos.

XLII
Más le valiera a tu madre,
en vez de alabarte tanto,
hacerte lavar la cara
y comprarte unos zapatos.

XLIII
Asómate a esa ventana
si te quieres asomar;
si no quieres, no te asomes,
que a mí lo mismo me da.

XLIV
Todo el día se le va
a tu madre en alabarte,
y a ti, niña, en componerte,
y a los novios en dejarte.

XLV
Apaga niña el candil,
no lo enciendas por deleite,
que se hielan los olivos
y venden caro el aceite.

XLVI
Me llamaste labradora
pensando que era bajeza,
y me pusiste un ramo
de los pies a la cabeza.

XLVII
Si quieres que te lo diga,
cantando te lo diré;
el amor que te he tenido
por donde vino se fué.

XLVIII
En enero no hay claveles
porque los marchita el hielo;
en tu cara los hay siempre
porque lo permite el cielo.

XLIX
A ser soldado me voy
y no tengo escarapela;
dame una gota de sangre
de tu corazón, morena.

L
Me quisiste, me olvidaste,
me volviste a querer;
zapato que yo me quito
no me lo vuelvo a poner.

LI
Subiendo la calle arriba
me cortaron un vestido,
y cuando volví a bajar
ya los tenían cosido.

LII
Te llevo retratadica
en  un llego de papel,
y el día que no te veo
paso la vista por él.

LIII
Porque vivo en el Rabal
me llaman la Rabalera;
en siendo de Zaragoza
que me llamen como quieran.

LIV
Adiós Zaragoza noble;
adiós, pulido arrabal;
adiós, Cristo de la Seo;
adiós, Virgen del Pilar.

LV
No es extraño que yo cante
sufriendo esta pena amarga,
pues aunque cantan mis labios
llora en silencio mi alma.

LVI
El mérito como el oro,
si es de ley se guarda oculto;
y todo el mundo procura
el que es falso darle curso.

LVII
Un tuerto, un cojo y un manco
un destino pretendían,
y el cojo lo consiguió
por hacer más cortesías.

LVIII
El día que tu naciste,
aquel día nací yo;
el día que tu te mueras,
nos moriremos los dos.

LIX
El que compra un desengaño
en los amores primeros,
en los amores segundos
desengaños va vendiendo.

LX
Zaragoza es un rosal
y el Coso su mejor rama,
y una mujer que allí vive
es su rosa más galana.

LXI
Para placeres, tu amor;
para dicha, tu presencia;
para tormento mis celos,
y para muerte tu ausencia.

LXII
Si de patria y amor quieres
conocer todo el valor,
pregúntalo al desterrado
que está lejos de su amor.

LXIII
La mujer con quien me case
tres cosas ha de tener,
buena, bonita y barata,
y muda si puede ser.

LXIV
Tus ojos, cual los luceros,
vierten la luz a raudales;
en cambio los de mi suegra,
lloran aceite y vinagre.

LXV
Si me quieres dímelo,
y si no, pégame un tiro;
pero antes si te parece,
te lo das tú y es lo mismo.

LXVI
El amor de los amores
es el amor de una madre,
amor que no miente nunca,
amor que no compra nadie.

LXVII
Entra el amor por los ojos,
se deposita en el pecho,
lo alimentan los oídos
y lo matan los desprecios.

LXVIII
No consueles nunca al triste,
déjalo con su dolor;
que las lágrimas que vierte
le consolarán mejor.

LXIX
Por más que tengas dinero,
toma ejemplo de la espiga,
que cuantos más granos tiene
más se doblega y se humilla.

LXX
Que no me quiere por vago
anda tu madre diciendo;
ya verá como me aplico
el día que nos casemos.

LXXI
Blanco visten las palomas,
y el cielo viste de azul,
azul y blanco son siempre
colores que llevas tú.

LXXII
El día que tú te fuiste
fue tan grande mi dolor...
que me comí dos gallinas
y tres libras de jamón.

LXXIII
Mi marido fue a las Indias
en busca de capital;
trajo mucho que decir,
pero poco que contar.

LXXIV
Dí lo pasado al olvido,
doy lo presente al desdén,
del porvenir no me cuido...
y me va bastante bien.

LXXV
Para volar nació el ave,
la calumnia, para herir;
para querernos las madres,
y el hombre, para sufrir.

LXXVI
De rico me pasé a pobre
por ver lo que el mundo daba;
y ya veo que al que es pobre
nadie le mira a la cara.

LXXVII
Cuasi, cuasi me quisiste
Cuasi, cuasi t´hi querido...
Si no es por el cuasi cuasi,
cuasi me caso contigo.

LXXVIII
A la Virgen del Pilar
le he pedido que me quieras,
ya que no lo hagas por mí,
hazlo por ella siquiera.

LXXIX
Mariquita, hila,
tengo el dedo malo;
Mariquita baila,
ya se me ha curado.

LXXX
Quisiera ser mula o güey
u otro abrío aún mayor,
para abrevarme en la pila
donde se baña mi amor.

LXXXI
Todo el que quiera en el mundo
saber lo que es padecer,
que se case jovencico
con una mala mujer.

LXXXII
Con tinaja de bodega
te he llegado a comparar,
que aunque se queme la casa
conserva la frialdad.

LXXXIII
El viento de Zaragoza
tiene malas intenciones,
que se lleva los sombreros,
las capas y los amores.

LXXXIV
Hasta los leños del monte
tienen su destinación;
unos nacen para santos
y otros para hacer carbón