Aguilas estresadas
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Mi amigo Máximo, por todos conocido como Maxi, es un personaje singular... quizás heredó a través de los años los genes de las duras condiciones de vida en la montaña.

Un pozo no sólo de la sabiduría popular, que en todos los lugares alguien atesora sobre los demás, sino también acapara el conocimiento de la flora y su empleo medicinal; de la fauna con los lugares donde habitan y se refugian los pocos animales salvajes que aún perviven en las montañas; del ignoto reino fungi, donde se esconde la pérfida amanita faloides o la sabrosa colmenilla (aunque este conocimiento por tradición no debe ser difundido). Sabe de las antiguas historias de brujería tan arraigadas en esta zona y cree en ellas, raro sería un brujo que no creyese en sí mismo, conserva la tradición de los pelaires mediante un taller de telares en las dependencias del Ayuntamiento... a la postre alguien distinto de quien poder aprender.

Una noche lluviosa de finales de invierno, aunque más que llover caían pozales de agua y el ruido fuerte y monótono de las cañerías apagaba el crepitar de la chimenea; me hizo el honor de retrasar su pronto dormir y acompañar mi decaído estado de ánimo. Perturbado por la imposibilidad de llevar a cabo el recorrido por el Barranco  del Infierno (Gavín) que había estado preparando toda la semana,  para tratar de fotografiar la primera especie de la temporada, el escurridizo Hygroforus Marzous.

Maxi sabiendo de mi interés por las antiguas historias trataba de distraerme con chascarrillos de sus años mozos, esquivando aquella que más despertaba mi curiosidad y sobre la que un muro de silencio impenetrable escondían todos los habitantes del Valle.

 La historia del accidente de aviación ocurrido a finales de la II Gran Guerra.
Sobre la Sierra de Tendeñera también conocida como La Partacua cayó una avión durante un terrible temporal de nieve que azotó sin piedad varios días la zona impidiendo organizar una partida de rescate. Aún desconozco realmente si los pasajeros eran oficiales nazis que huían o bien eran acaudalados judíos, de cualquier forma lo que si estaba claro era el transporte que se realizaba... un gran cargamento de lingotes de oro, excesivo para las posibilidades del avión y que le hacía desafortunadamente volar a baja cota con el triste final de empotrarse contra Peña Telera cerca del Ibón de Piedrafita. El ruido de su bajo planear sobre los pueblos y el estruendo aunque lejano que se escuchó a continuación, no dejaba resquicios de duda sobre lo que había pasado y la Benemérita rápidamente organizó con los voluntarios, que fueron todos, una partida de socorro.

 Inútil esfuerzo contra la naturaleza desatada que o bien castigaba la avaricia de unos o trataba de esconder con un blanco sudario las desgracias de otros... cada vez que un claro parecía consolidarse y se ponían en marcha, con mayor rigor el cielo abría sus compuertas a la nieve y el viento enfurecido los hacía volver sobre sus pasos. Fueron cinco días de infructuosos intentos con la certidumbre no expresada de que no podía quedar nadie con vida pues ni los más ancianos del lugar recordaban tormenta de viento nieve y frío como la que estaban soportando en tensa espera.

Este comienzo de historia lo había oído más o menos aderezado en varias bocas... pero una vez despertado mi interés todos callaban dejando en el desenlace en vagos recuerdos y ya era raro que todos callasen en el mismo punto desatando aún más mi imaginación.

Aprovechando la atmósfera intimista que provocaba el runrunear del agua, el calorcillo de los troncos de roble en el fuego con sólo su resplandor cambiante por toda luz y por qué no decirlo los generosos tragos de pacharán que habíamos trasegado traté una vez más de sonsacar a Maxi el final de la historia que además era verídica.

.- Mira, amigo mío, hay cosas que mejor no meneallas (ya empezamos), si nadie como tu dices fabla es por algo ¿no? Y encomenzando a remover historias pasadas alguien saldrá trasquilao, mejor dejamos las cosas como están y que lo enterrao quieto esté.

Sabiendo de su bien hablar cuando Maxi comenzaba a escudarse parloteando en falso castizo de pueblo ya empecé a mosquearme y barruntar que tampoco en esta ocasión iba a tener más fortuna que otras veces así que opté por servirnos otra generosa ración del fruto de las endrinas para soltarle la lengua, aunque lo que estaba consiguiendo era que girasen ante mis ojos los muebles de la estancia y una dulce somnolencia me fuese invadiendo.

.- Ya me dirás a quién puede perjudicar algo que pasó hace más de cincuenta años.

.-Bueno...si y no, directamente quizás no... pero hay familias que...¡coño! siempre estás a vueltas con lo mismo. Vale pero lo que te cuente... ni una palabra, ni siquiera a tu mujer. Lo juras? telar.jpg (30549 bytes)

Ya lo tengo, pensé, así que crucé los dedos disimuladamente en la espalda y escondiendo la sonrisa de triunfo juré y perjuré echándole en cara cómo podía desconfiar de mí. Me maldecía por dentro de no haber preparado la grabadora y poder atestiguar en el periódico que la historia era cierta (aunque ya lo sabían por la hemeroteca) y el final no me lo había inventado yo, pues en la redacción mi historia recurrente del avión cargado de oro era el cachondeo general.

.- Yo conozco bien la zona y al pie de Peña Telera suelo ir bastantes veces, sobre todo para ver el arco geotectónico, el haya gigante...por cierto vi que le había desaparecido el hongo tremendo que la estaba consumiendo, estaba demasiado alto para mí, supongo que se lo quitaste tú  o tus amigos, eso estuvo bien. Como te decía voy a menudo por allí  ahora sobretodo para ver si las águilas que se tuvieron que ir de los nidos del Portalet por culpa de ese pintor que llenó de banderolas la montaña para anunciar su exposición, han anidado en este nuevo sitio.

Maxi lanzó un profundo suspiro he izo una pausa que se me hizo interminable, pero no quería interrumpir sus circunquiloquios y echar al traste la historia. La historia de las águilas estresadas me la había contado varias veces y ya me veía tragándomela de nuevo y así fue.

Dos parejas de águilas a las que además había puesto nombre, tenían sus reales de tiempo inmemorial sobre la peña que domina el paso fronterizo del Portalet. No estaban permanentemente pero al menos a la hora de procrear siempre volvían. La verdad es que era entretenido mientras tomabas un quemadillo en el grill de Olga y Pilar ver el planear pausado de los pájaros ojo avizor buscando la pitanza de los polluelos.

Yo a estos pajarracos no les tengo especial aprecio pues vuelan generalmente demasiado alto para dejarse fotografiar y al otro lado de la frontera en tierra de los guiris  existe una especie de museo de las rapaces con cámaras dentro de los nidos allá en las escarpaduras para ver como cagan los pollitos en directo y lo limpias que son cogiendo sus mamás la bolsa de porquería con el pico para llevarla fuera. Pero tres horas viendo de vez en cuando como un aguilita mueve la cabeza o el culo con el aplauso general.... y además en franchute  ¡¡ oh-lá-lá !!. Demasié.

.- Como te decía este "artista" hizo una exposición en Francia (Laruns) y España (Sallent) al mismo tiempo y como punto en común otra sobre la misma frontera en el bar de tus amigas. Llenó de banderolas- del tipo de esas que salen en las películas chinas flameando- con su nombre todos los rincones, pero le parecía poca propaganda así que se subió al pico que domina la frontera y también montó el circo allá arriba.

Vender creo que no vendió nada  pero  consiguió espantar a las águilas que  jamás volvieron y abandonaron a sus polluelos. La historia de Enriqueta con Miguelón y Napoleón con Josefina que así se llamaban los bichos ya me era conocida y los vapores que me dormían también así que desconecté disimuladamente pensando como volver a retomar la historia del tesoro del avión que era lo que me interesaba.

.- Han estado un año sin aparecer y ahora parece que han tomado un nuevo territorio, aquí lo tendrán más fácil pues si les falta alimento siempre acudirán a la piscifactoría que está junto al puente de Oliván. Las truchas muertas están salvando a bastantes de estos animales, fíjate cuando pases por la carretera y verás alguna pareja volando en círculos esperando que limpien las cubetas. Aunque por otro lado si ya eran escasos los lagartos verdes y las fueguinas ahora lo tendrán peor porque no paran de cazar. Su salvación sería que se volvieran perezosas y dejarán de cazar para volverse sólo carroñeras de peces.

No puedo perdonarme aún que en este punto del relato se me escapase un tremendo ronquido tanto que me despertó a mí mismo asustado. Maxi se me quedó mirando fijamente con mirada mitad ofendida mitad furiosa y sin aceptar mis excusas ni decir  palabra recogió su mediada botella de pacharán casero y fuese.

Han pasado semanas y volvemos a hablar de casi todos los temas pero si aliento la esperanza de saber más sobre el avión creo que tendré que esperar otros tiempos una vez rocé el tema y casi pierdo un amigo...una mirada bastó. Y desde luego cuando paso junto al puente de Oliván saco el brazo por la ventanilla y les hago un corte de mangas a los pajarracos. A decir verdad hago cuatro uno para cada una... para Enriqueta, Miguelón, Josefina y Napoleón.
Aunque la verdadera culpa la tiene un pintor...

Hablan las malas lenguas que antes de que amainara la tormenta alguna familia del valle desafió la ventisca y llegó hasta los restos del aparato, pero eso no se confirmó, oficialmente. Pero desde luego cuando llegaron hasta el punto del impacto las patrullas de socorro, sólo quedaban cadáveres y chatarra, del oro ni trazas.

 Quizás nunca existió, aunque cuando el río suena agua lleva, y lo que despertase la imaginación de los habitantes de la zona creando una leyenda fuese la súbita desaparición de un par de familias ancestrales del lugar y su vuelta al cabo de los años enriquecidas como indianos.

De todas formas,  raro es ver la cantidad de senderistas que pululan por esa zona y que en vez de admirar el maravilloso paisaje van con la cabeza gacha y un palo removiendo el suelo....aunque no sea lugar de setas y menos de la aúrea Amanita Cesárea.

Manuel Lorenzo
Biescas abril 2001