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Acta
de consagración de la iglesia de San Clemente de Raluy
(Huesca),
realizada en el año 1007. Archivo Histórico
Nacional (Madrid), SVict.,
c. 760, n. 4.
Detalle de la grulla y el pez. (Foto A.H.N.).
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Miniatura en el románico.
La miniatura se desarrolló como un ente artístico prácticamente autónomo
en el que se conjugaban la sencillez y la elegancia de la obra diminuta,
cuidada y mimada. Su carácter ilustrativo y, en no pocas ocasiones,
ornamental nos adentra en un mundo complejo donde las formas sinuosas de
las iniciales y de los entrelazos no son concebidas tan solo como puro
adorno estético sino como recreación y, a veces, penitencia del propio
artista. Las miniaturas medievales resultan ser verdaderos espejos donde
se reflejan pasajes bíblicos, escenas de las vidas de Cristo y de la
Virgen y, en ocasiones, acontecimientos históricos. La función catequética
o política de aquéllas realza el poder de la visualidad en un mundo
donde la cultura era adquirida casi exclusivamente por privilegio. |