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Sabiñánigo ha resistido la
transformación de villa rural en centro industrial y ha crecido en
extensión, población y nivel económico, sin perder la belleza de su
caserío antiguo, enmarcado en el hermoso paisaje pre-pirenaico, ni el
amor por su historia y su cultura.
Sabiñánigo, cuyo origen se remonta a época romana, fue durante siglos
una pequeña aldea, como tantas otras de la depresión intra-pirenaica , al
comenzar este siglo contaba con un centenar de habitantes, dedicados a la
agricultura y al pastoreo. No podían sospechar estos montañeses los
cambios que el nuevo siglo preparaba para su localidad.
Llegó primero el ferrocarril de Zaragoza a Francia por Somport y con él,
los primeros frutos para Sabiñánigo de su estratégica situación como
punto de partida para los viajeros que deseaban conocer los Pirineos.
Algunos años más tarde se instalaron las primeras industrias,
relacionadas con el aluminio y la química y con ellas, fueron llegando
los obreros procedentes de los pueblos cercanos, que construyeron sus
viviendas entre los edificios fabriles y la estación.
La industria creció pronto y la población también. En 1950 Sabiñánigo tenía más de 2.500 habitantes, en 1960 superaba los 5.500 y
en 1990 se aproximaba a los 10.000.
Del Sabiñánigo medieval nos ha
llegado un torreón utilizado como campanario de la iglesia parroquial,
alzada en el siglo XVI y el Aytº. del siglo XVII. En la zona ajardinada
se recompuso el ábside de la arruinada parroquial de Gavín, ejemplar de
la arquitectura prerrománica serrablesa.
Museo Angel Orensanz y Artes de
Serrablo, en el barrio "El Puente de Sabiñánigo", uno de los
mejores de nuestro país en su género. Se instala en casona del siglo XIX
y su entorno ha sido declarado C.H.A. En este Museo, de pura
compartimentación tradicional, cobran vida los variados útiles que
rodearon al hombre altoaragonés en los rutinarios quehaceres de cada
día; en contraste, concepciones escultóricas vanguardistas de Orensanz
(no abre los lunes).
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