Victoria
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Cuando llegamos a Sallent era noche cerrada y el cielo amenazador se cernía con negros presagios. Las estrellas pugnaban por asomarse entre los jirones de nubes y el corazón se encoge; envuelto entre las sombras y arrastrado por las ráfagas de la ventisca, camino presuroso hacia el Púb., atraído por las notas lastimeras que acompasan las gargantas rotas de Estopa:

De luto se pone el cielo
Que viene con nubes negras
Será porque tiene celos
De que esta noche te tenga

Sólo faltaba que me hablasen de ella, caigo en la cuenta de que en vez de caminar casi corro. Rompo la fuerza del viento con la cabeza baja y la espalda encorvada. Las pisadas resuenan más fuertes de lo que yo quisiera por el húmedo callejón, pero el resplandor amortiguado de las ventanas del bar ya me guía entre la penumbra de la noche y mis pensamientos.
 Quiero olvidarla, olvidarla, olvidarla y ahogar sus recuerdos en la bruma del alcohol.

 Me advirtieron de la diferencia de edad, de su loca pasión de bañarse desnuda en cualquier badina sin importarle quien mirase, de su mirada húmeda presagio de infidelidades, me advirtieron... pero ellos no sabían.

 Fue verla y verme, nos miramos y nos vimos ya no existió otra. Sin hablar caminé, la recogí y nos fuimos; hasta hoy. Hoy se ha ido, hoy he vuelto, se acabó, no volverá a existir otra. Y por favor ahorraros recordar vuestras advertencias, si queréis acompañarme yo pago, pero silencio.

 El agua era su vida, arrastraba sus pies descalzos por los charcos removiendo el cieno del fondo, echaba la cabeza atrás dejando caer su melena, se agachaba, cerraba los ojos y sin atender si existía presencia de extraños con sonrisa impúdica liberaba su vejiga. Pasaba del escándalo y yo con ella.

 No se acomodaba a mi cansino caminar, al llegar a los prados corría alegre, libre, buscaba el arroyo que arrastraba las heladas aguas del ibón y bebía directamente en él, cavándole dos surcos por las comisuras de los labios, negros del frío. Era mi alegría y la seguía de lejos, divertido y orgulloso. Era mía.

 Mi pasión por la pesca quedó con ella maltrecha, cuando tras los largos preparativos que contemplaba tumbada junto a la orilla, conseguía al fin lanzar el sedal, se levantaba indolente y de pronto se plantaba veloz en el agua y chapoteando y dando saltos ahuyentaba mis arco iris. Cesaba de repente su algarabía y volvía desafiante su mirada hacia mí, por ver si su travesura conseguía alterarme. Y yo... también reía.

 Hoy otro se cruzó en nuestro camino y también se miraron, lo presentí y no quise ver, bajé la cabeza y caminé en silencio, sin mirar hacia atrás, sin reproches. Pero tengo derecho a intentar olvidar y recordar. Ya lo sé, callad, bebed, yo pago.

 Victoria, mi mastina del Pirineo se fue con un pastor belga. Perra desagradecida, no respetó el pedigrí.